Cien días cien palabras



Hace un año que esto estaba olvidado. Nunca más volví a escribir...esa es una característica: poco persevero. Y me encantan ver a mis estudiantes perseverar, me encantan los esforzados, los que intentan mil veces hasta que lo logran. Me maravilla su vitalidad, su energía y sus ganas de aprender. Me quedo rato observándolos realizar algún ejercicio de matemáticas como admirando aquello que yo no tengo.  

Mucho ha pasado durante este tiempo y no ha pasado nada. Así es un poco la vida. Intento hacer un desafío, aunque la palabra no me gusta mucho, quizás un "esfuerzo" por cien días. Esto tiene que ver con algo personal y de desarrollo artístico. En primera instancia pensé en pintar por cien días cien acuarelas, pero después recordé este blog y sentí que era el camino que tenía que recorrer por estos largos días. 

Me encuentro leyendo los ensayos de Montaigne, en la traducción de un viñamarino fallecido Pierre Jacomet, aunque nunca lo conocí, le tengo muchísima estima, sobre todo por haber traducido a Montaigne, y quisiera resaltar una frase que me fascinó. Se encuentra en el capítulo III y lleva como título " Una costumbre de la Isla Cea" y dice así: 

18. En sus "Leyes", Platón ordena sepultura ignominiosa a quién privó a sus parientes más cercano y amigo -es decir, a sí mismo- de la vida y del curso de sus destino, no forzado por juicio público ni por algún triste e inevitable accidente de la fortuna ni por una vergüenza  insoportable, sino por cobardía y debilidad de un alma temerosa. Y la opinión que desdeña nuestra vida es ridícula. Porque a fin de cuentas es nuestro ser, es nuestro todo. Las cosas que tienen un ser más noble y más rico pueden acusar al nuestro; pero es contra natura que nos despreciemos y empecemos a malquerernos. Odiarse y desdeñarse es una enfermedad particular que no se ve en ninguna otra criatura.

No sé porque esta frase, que acabo de resaltar me resulta hoy y particularmente esta semana tan importante. O me llega tanto. Quizás porque mucho tiempo de mi vida estuve expuesta y vulnerable a la opinión ajena y fui y soy de cierta manera muy crítica conmigo misma. Estos días he estado pensando en aquello, largo y tendido. A demás me encantó esa palabra "Malquerernos" es tan poco utilizada en mi dialécto y me parece tan certera.  


Leer siempre me ha sanado y es en lo que siempre he perseverado. 

Aquí el autor del libro: 

 Aquí el autor de la traducción 







Comentarios

Juan Alberto Parra ha dicho que…
Es una buena palabra, "malquerernos". Más, cómo transitar en la difusa línea que separa la autocomplacencia de la autocrítica, del permanente autoexamen en todo orden de cosas?, es mi propio nudo, algo que por mi parte a lo mejor deba ya desatar... ( Interesante reflexión Ma. Fernanda, un abrazo)
Anónimo ha dicho que…
La cruza entre la autoconciencia y nuestros actos, las proyecciones o consecuencias de estos, quizá el tema no es el "malquerernos", sino qué hicimos para llegar a experimentar aquello. Malquerernos, suena como hermano de la culpa, aquel sentimiento que pareciera nos acompaña desde la cuna. El "malquerernos" tiñe la existencia completa y cuesta safarse. Si Dios ha muerto, quien entonces se apiada?!

Entradas populares