Lactar



Desde el momento en que supe que María Santina latía dentro de mí, tomé la decisión de darle lactancia materna exclusiva. Era mi sueño poder alimentar solo con mí pecho a mi hija, había investigado antes de quedar embarazada sobre los múltiples beneficios de la leche materna y amaba la idea, era mí más grande anhelo, sin embargo, todo cambió sin darme cuenta en la semana 32 del embarazo. 

Nos contaron que mi hija tenía restricción del crecimiento fetal y que estaba creciendo a un ritmo muy, muy lento. Era más chica y delgada de la media de un bebé y por supuesto  con un peso muy bajo. Tuve una buena y emocionante cesárea porque no podía seguir en mí vientre porque cada día empeoraba su peso (algún día escribiré sobre el parto y todas mis reflexiones al respecto) y cuando nació pude ver que mí cordón umbilical era tan, pero tan delgado que la cantidad de sangre y nutrientes que alimentaba a María Santina durante 38 semanas fue la mínima (créanme que me siento aún culpable de aquello).
Estuve al rededor de cuatro horas sin poder verla por el protocolo de la clínica hasta que llegó a mí habitación y pude hacer acople. La verdad es que yo no lo hice hasta que llegó una matrona y me "enchufó" a mi chiquita en la teta, ella exquisita, con 2 kilos y 600 gramos de peso, lo hizo perfecto y mamaba excelente  cada vez que me la ponía al pecho. 

Nos fuimos de la clínica un domingo con 2 kilos 300 gramos una baja de peso muy normal para una recién nacida y con las indicaciones necesarias me fui a la casa con más miedos que alegría. Tenía muchas aprensiones en mi cabeza, iba cada cinco minutos a escucharle la respiración y no quería que nada malo le pasara.  Llegaron las visitas que tuve que recibir pero lo único que quería era estar con mi marido y mi hija sin importarme de nada más que conocerla y descubrir su lenguaje de recién nacida. 

Me daba cuenta que María Santina se colocaba cada vez más amarilla y unos días después almorzando con mi marido,  la escuchamos llorar  en su moisés,  él la fue a tomar y cuando entró a la cocina con la chiquita en brazos, muy amarilla, reventé en llanto yo también, sentía una angustia tremenda porque ella estaba amarilla total, me acuerdo que le dije: "No puedo mirarla está demasiado amarilla y no aguanto la angustia de verla así". 
Estuvo hospitalizada tres días en la neonatología y fueron los días más negros de mi vida, llenos de temores, culpa y mucha, mucha tristeza. Mi leche se cortó por completo al punto de estar extrayéndome y sacar 3 cc o 5 cc. Al salir del hospital María Santina comenzó a tomar fórmula, mucha fórmula y la verdad es que subió de peso y hoy se encuentra muy bien, cada vez mas rica y gordita. 

No me he dejado vencer por esta etapa tan completa que es la lactancia materna. Muchas veces me  he sentido sola en este proceso, solo estamos ella y yo con este sueño que es mío, con las gotitas de amor que le quiero entregar y que me encantaría que fueran exclusivas pero no logro superar mis temores y atreverme a darle solo de pecho a pesar de que tuve unas asesoras de lactancias que me dijeron que extrayéndome leche cada dos horas iba a producir más y así lo hice, a pesar de que me toco las mamas y las tengo hinchadas de leche y cuando me extraigo produzco ahora 70 cc, a pesar de que cuando le doy pecho ella no llora de hambre, a pesar de todo mi esfuerzo y perseverancia por tener y producir leche... no puedo dejar la fórmula....tengo muy presente la imágen de ella lánguida, sin fuerzas para llorar, ida y durmiendo mucho.... siento un pánico de volver a vivir ese oscuro momento.
Hoy me extraigo y voy complementando con fórmula. Lo hago con todo el amor que le puedo tener  a mi primera hija pero el camino es muy agotador. El mundo debería ser más amoroso con las mamás que nos dedicamos enteramente en alimentar sea como sea y cuidar a un ser humano indefenso y que necesita de nosotras en todo momento. 







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