Descubir una biblioteca

Las marejadas eran tremendas...ese día quería tomar una micro hacia Playa Ancha.
Entre el camino y el invierno una ola reventó en la ventana trasera del bus, en la que yo iba. Fue una sensación fuertísima, me quedé muda y quieta del miedo pero luego me sentí viva.

La micro subió lentamente por el cerro y, recordando el camino hacia una escuela de puertas negras, me bajé en alguna avenida principal. Recorrí con frío en el rostro, aún impresionada por la naturaleza del mar. Las gaviotas tenían un festín!!!! habían miles, millones revolotéandose entre las olas, es que no podían más con tanto pez perdido en las corrientes marinas.

A mi derecha me encontré con un espacio blanco y pequeño que era la biblioteca pública de Playa Ancha y entré con una emoción profunda, una especie de secreta felicidad. No encontré grandes libros, aunque tengo que confesar que muchos me llamaron la atención, psicología, ética, poesía, pedagogía etc. Pensé que poco importa los clásicos dentro de una biblioteca, cuando el objetivo es que los ciudadanos lean.

Tomé un libro de poesía de Bertoni, que hace mucho tiempo he dejado de leer pues me aburrió antes de que lo terminara, pero ese día....me volvió a sorprender....hay una cotidianeidad en Bertoni que es reflejo de mucho de lo nuestro y en su poesía hay también algo que siempre he buscando en poetas, la sencillez de expresar un sentimiento, que solo los grandes lo logran hacer sin caer en cursilerías.

Tomé otro libro de Marta Brunet, narrativa completa, y comencé a leer el fascinante e ignorado mundo de 1800 en el campo chileno. Hay tanto que desconozco de mí país. Hay tanta distancia con la narrativa de autores que utilizaron un lenguaje lejano, pero aquello también no deja de ser fascinante el tener ese diálogo con una mujer que vivió hace tanto y que me enseña, sin proponérselo, un lenguaje en desuso que vuelve a tener vida cuando lo leo.



 Aquí está la biblioteca, las mesas son comodísimas y las sillas también, realmente para llevar el termo con café y quedarse horas y horas leyendo y escribiendo.




El rincón de los niños...aunque austero, hay libros! Hay obras! Hay esperanza!




Terminé mi sesión de lectura y comencé a recorrer las calles. Playa Ancha me maravilla con sus casas, sus almacenes a granel, sus boticas como farmacias que aún viven y tienen público. Sentí la presencia de mis antepasados en aquel lugar de la quinta región. Hace muchos años, una rama de mi familia se instaló en ese cerro, y sentí cómo esa rama está muy viva dentro de mí.


Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Qué maravilloso es todo lo que describes querida María Fernanda. Debo confesar que aunque carezco del sentido de pertenencia por los entornos que describes logro sentir a través de tus letras talves ese sentimiento nostálgico que produce en mí la imagen del tiempo atrapado entre las calles y boliches de aquellos lares.
Carolina Montesinos ha dicho que…
Feñis, que lindo texto, sencillo y llano pero poético y reflexivo a la vez! Me sentí caminando contigo por esos cerros y esos mágicos lugares de Valpo!
departamentos patrimoniales ha dicho que…
Querida:
Caminar a una biblioteca y en eso reflexionar, he ahí la tarea previa para iniciar el dialogo con el autor escogido que es el hecho concreto de leer cada párrafo, página y libro suyo, luego cuando por él te sientas convocado/a para escribir entonces el dialogo se habrá completado y la cultura se seguirá construyendo.

John Smith
Cristóbal Guerra ha dicho que…
Esta biblioteca la construyó mi abuelo, Pedro Guerra Ovies, constructor civil de la UTFSM, para el Rotary club de Playa Ancha, ya no se en que año ... lo oí de mi familia ...

Entradas populares